
DISEÑADORA GRÁFICA,
Y OTRAS COSAS
MESAS
Creo que el gusto por las cosas bellas me viene de mi papá, que murió muy joven pero dejó en mí cosas perdurables. Una de ellas es la pasión por la belleza. Recuerdo todavía de una manera muy vívida las emociones que me provocaban los muebles de la casa familiar; hoy sé que eran de Tecoteca, una tienda de vanguardia en Venezuela en cuanto a mobiliario de diseño.
Más adelante, todavía muy joven, comencé mis estudios de diseño gráfico y tuve la suerte de trabajar en la Galería de Arte Nacional, así que me pude mover entre el arte y el diseño gráfico, pero yo diría que se trataba, en general, de la representación y la convivencia con la belleza, como una vez le escuché decir a un amigo, «esté donde esté». Siempre me ha parecido que no hay nada mejor que rodearse de objetos bellos, que hacen más grata y ligera la vida. Me gusta vivir, entonces hay una especie de alegría que me acompaña en todo momento y, que, además, trato de cultivar, teniendo a mi lado objetos que me amplifiquen esa alegría. Una lámpara, un mueble, una tela, una letra. Así que, en cierta forma, me parece natural haber llegado al diseño de estas mesas; con ellas creo que se rompe cierto protocolo de seriedad puesto generalmente en este objeto utilitario y lo desplazo hacia el divertimento, la alegría, la exaltación; no es algo que está allí solo para poner cosas encima, un reservorio. La mesa está siempre vestida, preparada, alegre, desenvuelta, dispuesta para lo que viene. Es el lugar del encuentro y la expansión.